miércoles, 18 de febrero de 2015

La magia del Surrealismo (Un perro andaluz)



UN PERRO ANDALUZ

 
Es comprensible que al vivir por primera vez esta joya, rodada en dos semanas, se considere que todo carece de sentido, que el director está trastornado o que directamente, esto no puede ser concebido como cine. Pues bien, a pesar de la intención de los originales e innovadores artistas: Luis Buñuel y Salvador Dalí, quienes fueron numerosamente criticados, denunciados e, incluso, amenazados; de engendrar una inexplicable obra, ésta sí tiene una justificación racional. Tal y como se observará a continuación.




Cuando se contempla la famosa y extraña cinta del corte en el ojo –primer metraje, y probablemente el único expertamente reconocido, surrealista de la historia-, se tiene la chocante sensación de estar presenciando un sueño en el que las cosas van sucediendo a modo de fragmentos, sueño interrumpido con frecuencia, análogo a las comunes pesadillas. En realidad, no cuenta ningún sueño, sino que imita su estructura. Su aportación es el intento de comprender las similitudes entre el cine y el sueño como sistemas que discurren visualmente, diferentes al lenguaje.



Este cortometraje está compuesto por una aglomeración de surrealistas, metafóricas e intercaladas historias del subconsciente fluidas en independientes escenas. Es decir, lo que se nos quiere transmitir no se hará directamente, sino por medio de alegorías simbólicas, como, por ejemplo, y entre otros, la sátira en la cara del protagonista cuando palpa los senos; su rostro sufre una transformación a modo de enfermedad por la mala educación sexual que le inculcaron de pequeño -el deseo sexual es veneno para nuestra conciencia- y por la relación que encontraba entre el sexo y la muerte, que nunca logró explicar; también cabe señalar, la exhibición de los brazos de un camarero agitando una coctelera por el elogio que Buñuel tenía hacia los bares (lugar donde creaba) y el alcohol; o por último, cómo se nos muestra el deseo sexual de dicho protagonista, reflejado en la salida de las hormigas en su mano derecha.





Se trata de una película de culto, muda y en blanco y negro, de 17 minutos estrenada en el año 1929, que va primordialmente destinada a la idea –al intelecto-, y no a la puesta en sí –a la vista-. Se caracteriza por su surrealista e irracional elaboración, cuya intención era conseguir una incomprensible historia, en forma de protesta contra el arte vanguardista de esos años 20; aquél definido por un marcado carácter racionalista, como el Purismo de Ozenfant y Jeanneret o el Neoplasticismo de Mondrian y van Doesburg, que se estaba desarrollando en París, cuna de las vanguardias.

 
Como dijo el prestigioso e influyente cineasta Stanley Kubrick: “una película es como la música. Debe ser una progresión de ánimos y sentimientos”. Un perro andaluz, a pesar de comenzar con una notable intensidad, cumple estrictamente este precepto superándose en cada escena. A medida que se desarrolla el proyecto, la historia va cobrando potencia apreciándose un logrado crecimiento.


Nos encontramos ante un imprescindible y excepcional clásico de arte, cuyo prodigioso y envidiable guión, llevado a cabo por dos eminencias, se pensó en menos de una semana y se desarrolló a partir de dos sueños que ambos tuvieron.  El corte en el ojo de Buñuel y la aparición de las hormigas en la mano derecha de Dalí, iban a ser el punto de partida para la filmación de los altibajos de la amorosa historia de una joven pareja. En la que se pueden observar también ilusiones y temores que éstos tuvieron a lo largo de su vida, como, entre muchos otros, la puesta en escena de los burros en la que aparece Dalí, inquietud que éste padecía en su niñez.


Entre otros de los simbolismos dignos de admiración, que excelentemente definen esta creación, desde y para la inteligencia, hay que destacar la posible materialización de la masturbación en la erupción de las hormigas por el profundo surco de la palma del protagonista, ya que la mano personificaría el instrumento y el hormigueo, como hemos señalado anteriormente, el deseo sexual. Acompañado del representado en la última oportunidad del galán de consumar con su obsesión. Mientras ella le mira fijamente, a él le desaparece la boca (similar a una de las secuencias de Matrix) y no sólo eso, sino que también le crece una gran cantidad de vello púbico, clara manifestación de propuesta de sexo oral, bastante gráfica y poco romántica. Sin olvidarnos de la protesta del director, en el tramo final, frente a la institución del amor que se propiciaba en los matrimonios de su época, mediante la entrada de un elegante bañista -sin hormigas en la mano, con reloj…- que representa a una persona estable, con trabajo, adinerado…, en fin, afortunada, con la que la protagonista permanece, olvidando eficazmente a su verdadero amor; desgracia que firman numerosas mujeres al escoger la seguridad económica antes que la pasión.



         No es de mis cortos favoritos por estar dirigido por uno de los mejores directores de todos los tiempos, ni porque compartamos nacionalidad, ni tampoco por ser yo un amante del cine experimental, ni siquiera porque sea de los hitos más importantes del arte que más me apasiona –el contemporáneo-, o porque su referente y preferido cineasta fuese el mismo que el mío: el inigualable Buster Keaton; sino porque comparto con él la misma pasión de entender el arte por medio del concepto a través de una forma metafórica, y no por su puesta en escena. Por ello yo también valoro y disfruto mucho más de la belleza ideal o conceptual que de la formal o visual. Grandes artistas defensores de este estilo –intento de terminar con la tradición y la comercialización del arte-, también muy valorados por mi parte, son Marcel Duchamp y Andy Warhol, para los que “lo esencial no está en las soluciones propuestas sino en la amplitud de las preguntas formuladas”. Y puede parecer muy exagerado decir apasiona pero el arte con un gran trasfondo y un lógico mensaje, elaborado por una serie de útiles metafóricos, que no se puede ver a simple vista, ya sea cine, performance, ready-made, fotografía, happening…, me vuelve loco. Una obra que pone a prueba la inteligencia y que hace trabajar el cerebro, sin olvidarnos de su también curiosa y sorprendente belleza física, en mi opinión, es mejor que aquella belleza que sólo despierta la vista. El arte que encuentra la importancia de las obras en la idea sobre sus rasgos físicos, es decir, que el trabajo del objeto es un mero soporte para transmitir la profunda idea de la obra, haciendo trabajar el intelecto y la imaginación, en contra del formalismo y el arte estrictamente visual, me parece más atrayente y misterioso. Sinceramente me transmite y aporta muchas más emociones e intrigas el mensaje propiamente invisible –por lo general mediante el humor y la ironía-, que lo que en realidad te puede mostrar un cuadro o una escultura corriente –que en absoluto desprecio y del que también aprendo-. Por mucho que la técnica y, probablemente el esfuerzo sean asiduamente mayores al conceptual, no le quita ningún mérito, ya que tampoco es tarea fácil transmitir grandes mensajes o historias por medio de unos cuantos cuerpos alegóricos. Porque como bien dijo en su momento una sabia amiga: “autores como Duchamp son filósofos más que artistas”, o por lo menos plasman su filosofía en su nueva forma de hacer y entender el arte.


Por todo esto, y haciendo referencia al primer párrafo, es recomendable que tras apreciar dicha maravilla se interese uno por adquirir cierta información acerca de los porqués de los acontecimientos acaecidos en el transcurso de dicha ficción, antes de proceder a criticar sin conocimientos. Es concebible que no guste, ya que se sale del prototipo de cine al que todo el mundo está acostumbrado –el que produce millones-, pero no se puede entender, como he leído en numerosas ocasiones, que haya gente que afirme rotundamente que “hay ideas totalmente desfasadas como para ser encumbradas hoy en día”, “algunos momentos pasados de madre”, que hay escenas que “rebajan la cinta”, “quince minutos de nada más absoluta”, “bobada tras bobada”, “esto es solo humo de surrealismo barato estático y pobre”… en fin, lo que os decía de hablar sin ideas, sin madurez artística y sin ciencia. Para todos vosotros: el Surrealismo también es arte.


Respetando, entendiendo y, en algunas ocasiones, compartiendo los gustos de cada cual, de este filme no se pueden sacar pegas que vayan más allá del paladar, porque la riqueza de la subjetividad nos permite juzgar y diferenciar si las cosas nos gustan o no, o si lo hacen más o menos, pero la objetividad también es estrictamente rica, por lo que hay una serie de reproches que no se pueden defender, ya que, independientemente de las percepciones de cada uno, las cosas son y son. O como bien se sostiene en Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia); “una cosa es una cosa y no lo que se dice de esa cosa”.


Pero a mí no me encanta exclusivamente por la evidente genialidad en la totalidad del producto -desde una perspectiva objetiva-, sino porque también saboreé plenamente cada una de las espectaculares escenas que la componen, y la normalidad –dentro de lo surrealista- con la que trascurren; como, algunas ya mencionadas, la nube que atraviesa la Luna en el instante en el que la protagonista va a experimentar, en un primer plano, el corte en el ojo –llevado a cabo realmente en el órgano ocular de una vaca- con una navaja barbera; la amenaza de ésta con una raqueta con forma de cruz al acosador –simbolizando la moral católica-; la nueva pareja a orillas del mar; los pianos con los curas y los burros putrefactos, y un largo etcétera, acompañadas en todo momento de una inquietante y poderosa música, incorporada tiempo después, que escolta cada uno de los actos.




Un fascinante tesoro con el que este excelente guionista y director español comienza su admirable aventura cinematográfica, y que ningún buen cinéfilo debe perderse. Y más allá de la cinefilia, es también una aportación imprescindible para cualquier interesado en arte, ya que va a marcar una gran diferencia dentro del mundo contemporáneo.  

 
Y agradecer, una vez más, el milagro de la escritura por concedernos la suerte y el privilegio de poder plasmar de forma fija y permanente las ideas, conocimientos, sentimientos, opiniones y pensamientos que se hallan en la región inteligente, y más humana, de nuestro ser,  que, a su vez, nos permite soñar, transmitir y enseñar a todos los apasionados. Gracias. 




El portaminas negro.

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"El poeta es un fingidor. Finge tan completamente, que llega a fingir que es dolor el dolor que de veras siente." Fernando Pessoa