domingo, 10 de agosto de 2014

Once (Una Vez)


EL OCTAVO ARTE


Señores: el  cine es un arte cuyo principal fin, aunque muchos estéis en desacuerdo conmigo, es aportar algo al espectador, estimular la parte más sensible de su interior, llenarle por dentro, hacerle sentir que sigue vivo, que le haga aprender cosas nuevas y mirar la vida con otros ojos y desde otra perspectiva. No se trata de un simple entretenimiento que se emplee para que pase más rápido el tiempo y que las tardes aburridas se hagan un poco más amenas. Se debe disfrutar lo grandioso que es lo que está contemplando. Si es capaz de dejarte dormido e indiferente sin proporcionarte nada se le debe considerar pasatiempo, y no CINE.

La película “Once” sí que es auténtico cine. Es un trabajo que no deja indiferente a nadie y que sin escenas de violencia, guerra, sexo o fantasía es capaz de engancharte y enamorarte por medio de las letras y melodías que estos grandes y, a su vez, desconocidos protagonistas han logrado componer. Esta maravillosa película logra congeniar dos de las artes más espectaculares de las que podemos gozar en este mundo, música y cine, con una suavidad y un sentimiento que deja sorprendido  a todo el que sepa valorar ambas asombrosas creaciones. Si el cine se dice que es el séptimo arte, en mi opinión este filme es el octavo. Llamar cine a esta joya se queda bastante corto. Cada una de las canciones de esta gran obra te transmite una serie de cosas que otros musicales no te proporcionan por muchas canciones que tengan, ya que la diferencia es que los otros (Grease, Dirty Dancing, Sonrisas y lágrimas…) son meros musicales comerciales cuya intención es divertir al público y ésta pretende provocarle diferentes sensaciones.

Nos encontramos ante una película que durante 85 minutos te aísla de la realidad y te deja totalmente ensimismado cuando finaliza. A mí, personalmente, todas y cada una de las canciones me han enseñado algo diferente, no había ni una sola que no tuviese un mensaje explícitamente dedicado a mí (o así por lo menos me sentía yo), y mentiría si no dijese que se me ponía la piel de gallina con cada una de ellas. Ésta es la diferencia entre las películas que se hacen con altísimos presupuestos y para obtener más beneficios y las que se hacen con corazón y para el corazón.

Y me veo en la obligación de insistir en que el director de esta cinta comenzó siendo el bajista de un grupo irlandés, “The Frames”, que al ser el encargado de grabar los vídeos de sus canciones, poco a poco, acabó decidiendo rodar algunos metrajes. Pero no termino aquí. Los protagonistas, Glen Hansard y Markéta Irglová, no son actores sino el actual cantante del grupo mencionado con anterioridad y una majestuosa pianista y cantante, respectivamente. En un principio el director contactó con Cillian Murphy para que protagonizase este largometraje pero tras la negativa de éste tuvo que elaborarlo con sus ya nombrados amigos. Dado que no disponían de grandes fondos se tuvieron que adaptar a grabarla con cámara en mano. En fin, en mi opinión, un cometido fascinante y digno de tener en cuenta a la hora de valorar.

Yo en absoluto me considero un experto en cinematografía pero sí sé que para que esta película guste no hace falta tener muchos conocimientos. Claro está que hay películas mucho mejores que ésta y que sus historias son más originales y comerciales, pero con el escaso presupuesto con el que disponía el director de ésta ha superado con creces todas las expectativas, porque con muchas ganas e ilusión se puede conseguir lo que uno se proponga.

Y una de las conclusiones con las que termino esta crítica es que, como se puede ver en la escena del autobús, con música todo se explica más fácil, con más sentimiento y con más realidad, por duro que sea el mensaje que le quieras transmitir a la otra persona.

Señores: déjense sorprender durante 85 escasos pero intensos minutos y no se la pierdan. Una gran obra que toca lo más profundo del presente.
 

 
 
 
El portaminas negro.

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"El poeta es un fingidor. Finge tan completamente, que llega a fingir que es dolor el dolor que de veras siente." Fernando Pessoa